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Análisis OIKOS - Olas de calor
Análisis OIKOS - Olas de calor
Fecha: 19 Julio 2026
Autores: Luis Quiroga
¿Por qué se disparan más rápido en Europa que en el resto del planeta?
Europa occidental y central se calienta en verano a un ritmo muy superior a la media global —hasta tres veces más rápido—. Es uno de los "puntos calientes" climáticos más marcados del planeta fuera de las regiones polares. ¿Por qué?
La respuesta habitual —"por el cambio climático"— es cierta pero incompleta, y el climatólogo estadounidense Roger Pielke Jr. ha dedicado dos artículos recientes de su newsletter The Honest Broker a desgranarla con más rigor. Los artículos son:
- Pielke, R., Jr. (2026a, July 13). Why Europe's heat waves are getting worse. The Honest Broker. https://rogerpielkejr.substack.com/p/why-europes-heat-waves-are-getting
- Pielke, R., Jr. (2026b, July 20). Why cutting emissions can't fix Europe's heat waves. The Honest Broker. https://rogerpielkejr.substack.com/p/why-cutting-emissions-cant-fix-europes
Nos parece un ejercicio útil para el debate público español, porque ayuda a distinguir entre lo que la ciencia sabe con solidez y lo que todavía es objeto de investigación activa —una distinción que a menudo se pierde en el debate mediático y político
El calentamiento europeo: varias piezas por encajar
Lo que resulta más interesante —y donde la incertidumbre científica es mayor, algo que el propio IPCC reconoce explícitamente— es por qué Europa occidental se calienta tan por encima de la media global. Pielke repasa varios factores que la literatura científica señala como relevantes, sin que exista todavía una cuantificación robusta de cuánto pesa cada uno, y conviene distinguir entre ellos porque no todos tienen la misma naturaleza.
Algunos son, en cierto modo, intuitivos. Cuando el suelo pierde humedad, la energía solar que antes se empleaba en evaporar agua —enfriando el ambiente— pasa a calentar directamente el aire; algunos estudios de modelización atribuyen a este efecto una parte muy sustancial del exceso de calor en días extremos en Europa central. De forma parecida, el aire que llega a Europa durante una ola de calor —desde el Mediterráneo, el Atlántico o el norte de África— procede de regiones que también se han calentado, por lo que trae ya "más calor de fábrica"; y ciclos naturales de varias décadas en la temperatura del Atlántico Norte (la variabilidad multidecadal atlántica, AMV en inglés) modulan también la frecuencia de las olas de calor euro-mediterráneas. Suelos secos, mares cálidos, ciclos oceánicos que amplifican la señal de fondo: son mecanismos que, una vez explicados, resultan fáciles de aceptar.
Otro factor, en cambio, es más sorprendente y contraintuitivo: el aire más limpio. La reducción drástica de la contaminación por partículas en Europa desde 1980 —un éxito indiscutible de las políticas de calidad del aire, que ha salvado muchas vidas— ha tenido como efecto secundario dejar pasar más radiación solar hacia la superficie, con un calentamiento adicional estimado en torno a medio grado según Schumacher et al. (2024). Es un recordatorio incómodo de que no todas las políticas ambientales exitosas actúan en la misma dirección sobre el clima, y de que reducirlo todo al CO₂ oscurece mecanismos humanos reales pero distintos.
Y hay, por último, un factor sobre el que sí tenemos capacidad de actuar de forma directa y a corto plazo: las islas de calor urbano. Buena parte del impacto humano y sanitario de las olas de calor se concentra en las ciudades, donde el asfalto y la falta de vegetación agravan notablemente las temperaturas y la mortalidad asociada. A diferencia de la circulación atmosférica global o la temperatura del Atlántico, este es un factor que depende de decisiones de planificación urbana al alcance de ayuntamientos y gobiernos regionales, hoy mismo.
El propio IPCC (AR6) subraya que la confianza científica en cómo estos procesos "dinámicos" afectan la magnitud y localización de los extremos es baja, a diferencia de la alta confianza en las tendencias globales de calor extremo.
Por qué descarbonizar no "arregla" las olas de calor a corto plazo
En su segundo artículo, Pielke plantea una pregunta de política pública: si el mundo alcanzara emisiones netas cero, ¿cuándo notaríamos el efecto sobre las olas de calor europeas?
Su respuesta, apoyada en literatura científica (incluyendo Tebaldi y Friedlingstein, 2013, y Cassidy et al., 2023), es que el efecto sería real pero muy lento y solo apreciable a escala de generaciones futuras, no de quienes vivimos hoy. Un ejercicio ilustrativo que presenta —no una predicción, sino un experimento de pensamiento con datos idealizados— sugiere que, incluso alcanzando el cero neto hacia 2060, el número de días de ola de calor en Europa seguiría siendo similar en 2160 al de la década de 2020, antes de empezar a descender con claridad más adelante.
El sistema climático se comporta, en este sentido, como un gran transatlántico: aunque el timón gire hoy, el barco sigue avanzando en la misma dirección durante un buen rato antes de que el nuevo rumbo sea perceptible. Aquí ese "buen rato" se mide en torno a un siglo, no en años ni legislaturas. Es una diferencia de escala temporal que conviene tener presente al diseñar y comunicar la política climática.
A esto añade una advertencia adicional: si la hipótesis de la contaminación atmosférica mencionada antes es correcta, reducir la quema de combustibles fósiles también reduce las partículas que hoy reflejan algo de radiación solar, lo que podría añadir calentamiento adicional a corto plazo —un efecto conocido en la literatura sobre "des-enmascaramiento" de aerosoles.
Pielke es explícito en que nada de esto es un argumento contra la descarbonización: la considera justificada como gestión de riesgo a largo plazo, y lleva años defendiéndola. Su argumento es más bien de comunicación y de política pública: prometer que "bajar emisiones" traerá veranos más frescos en un plazo político-electoral es una promesa que la ciencia no respalda, y que puede erosionar la credibilidad de la acción climática cuando no se cumple.
Por qué todo esto importa en el debate español
Este análisis es relevante para España, un país especialmente expuesto tanto a las olas de calor como a la politización del debate climático. Nos parece que la lección principal no es "el cambio climático no es grave" —lo es, y las tendencias observadas en Europa lo confirman con solidez científica—, sino que la calidad del debate público mejora cuando distinguimos entre:
- lo que la ciencia establece con alta confianza (más energía en el sistema, tendencia al alza de las olas de calor, huella humana detectable),
- lo que todavía es objeto de investigación activa (el peso relativo de suelos, aerosoles, circulación atmosférica y variabilidad natural), y
- lo que la mitigación puede y no puede ofrecer en los plazos que importan a los votantes de hoy (reducción de riesgos futuros a un siglo vista, no climatización inmediata).
Precisamente porque el "timón" de la mitigación tarda tanto en cambiar el rumbo del barco, la conclusión práctica más directa de este análisis —y una que en Oikos llevamos tiempo defendiendo— es la urgencia de invertir en **adaptación**, en paralelo a la descarbonización y sin plantearlas como alternativas entre sí. Dos frentes destacan:
- A nivel nacional: garantizar el acceso al aire acondicionado y a la eficiencia energética de las viviendas, en lugar de estigmatizarlo como un gesto "anti-climático". Como muestra el propio Pielke, buena parte del debate en Francia ha tratado el aire acondicionado como un problema en sí mismo, cuando en realidad es una herramienta de protección frente a un riesgo ya presente y que tardará décadas en revertirse, sea cual sea la política de emisiones que se adopte.
- A nivel urbanístico: actuar sobre las islas de calor urbano —más vegetación, superficies que reflejen mejor la radiación, diseño urbano que favorezca la ventilación natural—, dado que buena parte de la mortalidad asociada a las olas de calor se concentra en las ciudades y depende de decisiones de planificación local, no de la trayectoria global de emisiones.
En suma, una política climática ambiciosa en mitigación y una apuesta decidida por la adaptación no son incompatibles: son, de hecho, las dos caras de una misma respuesta seria al riesgo climático.
Tras la reciente publicación de dos artículos de Roger Pielke Jr (The Honest Broker), OIKOS reflexiona sobre la incidencia de las olas de calor y las implicaciones de mitigar y adaptarse en un planeta que se calienta con desigual rapidez.
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